¿Libre expresión con límites?

¿Libre expresión con límites?

Han pasado casi 30 años de la constitucionalización de la decisión franquista de transicionar el régimen fascista en una monarquía…constitucional. Cuando al conjunto de la clase obrera se le comenzaba a indigestar la nueva forma de organización del estado… después del 23-F, la figura del rey quedaba legitimada; ya no era el impuesto por la oligarquía, si no el garante defensor de las libertades. El rey pasó a ser constitucional, pero a su vez intocable. Su figura era tan natural como el mismo sol de las mañanas: nadie te prohíbe que estés en contra de que amanezca, ¡pero hay que estar loco para mantener esa postura!

 

Claro, la libertad de expresión, tiene sus límites, las críticas, por favor, siempre simpáticas y bienintencionadas, que como institución modernizada, la monarquía tiene sentido de humor y amplitud de miras. ¡Pero ay, de aquellos que muestren abiertamente su rechazo visceral! Ellos verán caer sobre si todo el peso de la justicia. Y aunque a lo largo de estos 30 años, el goteo de incidentes ha sido sostenido, parece que últimamente se están acumulando esta clase de sucesos, y esto ¿a qué se debe? Tal vez 30 años sean suficientes como para comenzar a dar las primeras muestras de madurez democrática, para recordar que el miedo que hizo aceptar el modelo con resignación tiene sus grietas que el famoso consenso se sostuvo con los sables sobre la mesa, que el status quo del Estado español no es eterno ni inmutable, que en las verdaderas democracias todo ha de ser cuestionable y sujeto a críticas…desde la raíz.

 

Han tenido que declarar ante la Audiencia Nacional los humoristas y periodistas del diario Deia, José A. Rodríguez, Javier Ripa y Nicola Lococo por el caso de la caricatura del rey cazando el famoso oso borracho ruso, y el banyolí Jaume Roura por el caso de la quema de fotografías de Girona, próximamente serán los responsables de la revista El Jueves… Mientras tanto la Audiencia Nacional, exige la identificación del medio centenar de jóvenes que volvieron a quemar imágenes de los reyes, al final van a tener que volver a construir una nueva Bastilla, para encerrarnos a todos.

 

Y no obstante, los políticos que se llevan las manos a la cabeza ante estas anécdotas, no dejan de tener razón: no se trata de las injurias a la Corona (que también) ni del debate sobre la libertad de expresión (¡que también!) lo que les preocupa es que se está comenzando a entrever la crisis de un modelo de estado que se revela insostenible ya que, hijo de la dictadura, nació cojo y emponzoñado.

Desde aquí queremos mostrar nuestro apoyo a todos los encausados: republicanos o independentistas: ¡si nos encausan a uno, nos encausan a todos!

 Slash (Girona)

 

 

Fuente "LA AURORA" nº1004

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