Los soldados que frenaron el horror

 

Los soldados que frenaron el horror

Durante la Guerra de Vietnam (1965-1975), la movilización antibelicista de miles de marines aceleró el final del conflicto

 

 

SERGIO G. MARTÍN – Madrid – 29/11/2007 23:17

 

Vietnam, 1971. Los mandos militares norteamericanos se desesperan. No sólo deben enfrentarse a la oposición generalizada en su país, sino que ni siquiera están seguros entre sus tropas. El coronel R. Henil afirma que parte del ejército se encuentra en un estado cercano al colapso. "Las unidades se niegan a entrar en combate, asesinan a oficiales, se drogan y están cerca del amotinamiento", dice a la prensa. El conflicto ya no es del gusto de todos.

El objetivo de EEUU era frenar la extensión del comunismo en Asia. Para ello, ayudarán a Vietnam del Sur frente a la agresión del Norte y el Vietcong, brazo armado de los comunistas survietnamitas.

No todos están de acuerdo. La oposición comienza a gestarse en las aulas universitarias y, en abril de 1965, 25.000 personas marchan en Washington en protesta por la intervención. En octubre, serán más de 100.000 por todo el país.

Además, EEUU se encuentra en pleno conflicto racial y la lucha por los derechos civiles del colectivo negro se traslada a la guerra. Supone apenas el 10% de la población, pero representan un tercio de los soldados de infantería.

Las listas de muertos están repletas de afroamericanos y, ante las protestas, el Pentágono comienza a sacarlos del combate. Los soldados de color fallecidos pasan de un 25% en 1965 al 7’6% en 1972.

Censura, muerte y fotografías

A lo largo del conflicto, la censura intentó controlar los desmanes continuos del ejército, pero los periodistas ya se habían contagiado del espíritu antibelicista. Cada noticia y cada fotografía suponían un mazazo demoledor para los defensores de la contienda.

En enero de 1967, las imágenes de la destrucción de una aldea durante la Operación Cedar Falls conmueve a millones de personas. Un año más tarde, en la Ofensiva del Tet, el Vietcong asalta la embajada norteamericana en Saigón. Como respuesta, en una de las acciones más cruentas de la guerra, la Compañía Charlie asesina a 500 mujeres, ancianos y niños en My Lai.

Nixon gana las elecciones de 1969. Dice tener una misión: eliminar a cualquier sospechoso de colaborar con el Vietcong. El presidente mantiene la operación en silencio pero, ante los asesinatos indiscriminados y la necesidad de invadir Camboya, decide hacerlo público. El pueblo protesta de nuevo. Pero esta vez las revueltas acaban con la muerte de cuatro estudiantes de la Universidad de Kent.

Desde ese momento, las voces se alzan en el ejército estadounidense. Los datos son inequívocos: más de 100 fanzines opuestos a la guerra se distribuyen por los cuarteles; las deserciones masivas se generalizan (entre 1968 y 1975 abandonan 93.000 soldados); 206.000 jóvenes son denunciados por negarse al reclutamiento y 563.000 son licenciados sin honores por desobedecer a sus superiores.

Los soldados se movilizan

Los métodos de oposición se radicalizan. Surgió el fragging, que consistía en matar a los cabecillas que coaccionaban a las tropas con granadas de fragmentación. La presión llega al extremo de poner precio a la cabeza de algunos oficiales. Los mandos han perdido el control de sus soldados.

El Vietcong se aprovecha del caos enemigo y, durante las negociaciones de paz en 1971, garantiza la vida de aquellos regimientos que se nieguen a atacarlos.

Desde ese momento, es común observar brazaletes rojos en los brazos de los soldados americanos. Ya no dispararán más. La guerra estaba muriendo desde dentro.

"Ve a Vietnam y mata al oficial al mando"

Durante años, la rebelión de los soldados norteamericanos ha sido apartada de la historiografía oficial. Libros como ‘Soldiers In Revolt’ (David Cortright) recuerdan la importancia del movimiento antibelicista dentro del ejército, cuya actividad ayudó al pueblo vietnamita a acabar con la dominación norteamericana.

En los periódicos clandestinos que circulaban entre las tropas, como ‘Vietnam GI’, ‘The Bond’, o ‘FTA’ (‘Fuck the Army’ en lugar del eslogan de reclutamiento, ‘Fun, Travel and Adventure’) se denunciaba la bancarrota de la política militar, se suministraba información alternativa, se organizaba la resistencia activa (amotinamientos y asesinatos, principalmente) y se recordaban los sangrientos  ataques dirigidos por los ineficientes oficiales, como el que dio lugar a la (impune) masacre de My Lai. Todo derivó en una guerra dentro de la guerra que dividió a las fuerzas armadas

 

Articulo en PÚBLICO

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