Lecciones de un Foro inconcluso

Lecciones de un Foro inconcluso

 

Carlos Girbau

 

 

Los días 14,15 y 16 de diciembre estaba prevista la celebración del Foro por una Paz Justa en Oriente Próximo, en la ciudad madrileña de Alcorcón, y la experiencia ha dejado, al día de hoy, un sabor agridulce.

 

Sabor agrio, porque el Foro embarrancó al poco de comenzar, teniendo que suspenderse tras su primera sesión. La razón fue el no reconocimiento de una parte de los asistentes del derecho a la palabra de otra parte de los mismos. Los porqués de este desconocimiento hay que buscarlos en la división con la que la sociedad civil, tanto palestina como israelí, han encarado las conclusiones de la conferencia organizada por el imperialismo americano en Annápolis. Una cumbre celebrada con el objetivo de relanzar el proceso de paz y cuyo punto más destacable ha sido el compromiso de la proclamación de un Estado palestino para finales de 2008.

 

Sabor dulce, porque una parte nada despreciable de las entidades asistentes siguen viéndose entre sí y reconociéndose en el derecho a la diferencia, como parte de un espacio común de la sociedad civil en pro de una paz justa.

 

Dulce también por el trabajo preparatorio del Foro durante meses, que ha permitido crear las complicidades necesarias entre entidades para el trabajo común que ahora desarrollan en la zona.

 

Igualmente dulce por las actividades que sí pudieron llevarse a cabo al amparo del marco que el propio Foro ofrecía. Me refiero al encuentro de mujeres celebrado en Leganés, a la muestra de cine de Fuenlabrada, al concierto de Getafe o a la reunión de cargos electos palestinos y españoles celebrado en el Congreso de los Diputados.

 

Dulce, por el empeño de tantas entidades y gente, que demuestra la enorme necesidad que existe de abrir un espacio de paz con justicia, del que sólo la sociedad civil puede ser la impulsora.

 

Finalmente, dulce por el esfuerzo que hicimos para llegar a celebrar la primera sesión del Foro el viernes, con actos como, por ejemplo, el organizado por la ONG española Paz Ahora con el Embajador y una representació n del Parlamento palestino, así como con Gaspar Llamazares, coordinador general de IU, y Delia Blanco, presidenta del PSM. Un acto al que asistió no sólo una buena parte del tejido social de Alcorcón, sino también su alcalde y una representació n de los concejales de PSM e IU en el consistorio.

 

LÍNEAS CRUZADAS

Desde el inicio de la preparación del Foro, como siempre en este tipo de procesos plurales, existieron líneas de trabajo distintas que no aparecieron como contrapuestas mientras no hubo ninguna conferencia o plan de paz a la vista. Recordemos que cuando emprendimos la senda que nos llevó al foro, Annápolis era sólo un punto geográfico en el Estado norteamericano de Maryland. Pero en el momento en que pasó de punto geográfico a Conferencia y plan, Annápolis y sus decisiones representaron un cambio. Este cambio se produjo cuando una parte adoptó una posición moral, que no política, sobre la realidad de esa Conferencia y añadió a ella tintes de desconocimiento y ataque a la Autoridad Nacional Palestina, firmante de la declaración de Annápolis. La posición de ese sector negó con ello de facto el campo común que habíamos abonado durante meses de trabajo conjunto. Un campo compuesto por campañas y propuestas precisas que se hallan ampliamente expuestas en documentos y artículos comunes y que resumidamente podemos decir que partían de la defensa del derecho internacional, los derechos humanos, el combate contra el muro… La negación tomó forma en la prohibición de dar el derecho a la palabra a una parte de los asistentes, con lo que impidieron la continuación del Foro. Creemos que este hecho no ha de ser un obstáculo para que en un futuro sea posible volver a colaborar juntos, si bien tal colaboración sólo podrá darse sobre los criterios que se han demostrado capaces de generar consensos durante siglos, es decir, los de las tareas y objetivos políticos, no los de la moral, que por definición es excluyente.

 

De las líneas existentes, dos fueron las esenciales. La primera trabajaba sobre la base de una lucha por los derechos como clave para la articulación de cualquier movimiento que reclame una paz justa. Esa línea colocaba y sigue colocando en el centro de toda su posición la defensa del derecho internacional, los derechos humanos, a la educación, a la salud, al trabajo reglado, el derecho de los pueblos a su plena soberanía, los de las mujeres, niños y trabajadores. Esa línea, por tanto, fueran cuales fueran lo planes de paz, calendarios u hojas de ruta, se llamen saudíes, Annápolis u Oslo desea medir tales planes y, sobre todo, organizar a la sociedad civil, apoyándose en el avance de la frontera de tales derechos por encima del avance de cualquier otra frontera.

 

Así, el método de esa primera línea persigue incidir en la transversalidad. Es decir, organizar un amplio movimiento a favor de derechos universalmente aceptados, pero constantemente incumplidos en Oriente Próximo, especialmente en Irak o Palestina, y hacerlo en todas las sociedades civiles del área, particularmente las palestina e israelí, pero también en Europa. La base para lograrlo sería el desarrollo de tales derechos como potentes palancas de movilización y organización sindical, social, vecinal, de presión gubernamental. .. Por último, esa línea mediría el termómetro de la paz no sólo por la ausencia de violencia, sino por el grado de cumplimiento de esos parámetros básicos sin los que resulta imposible una paz con justicia.

 

Por su parte, la segunda línea incidía sobre todo en “juzgar”, campo propio de la moral, los planes de paz o calendarios que iban apareciendo, a la espera de que alguno resolviera el problema de Oriente Próximo. Esta segunda línea hace especial hincapié, dado que en la actual correlación de fuerzas es imposible que haya “un plan bueno”, en organizar lo que ellos llaman el rechazo a la “normalización de la ocupación”. En otras palabras, la resistencia a los planes que, por otro lado y como ya hemos señalado, hoy son siempre malos. El problema de esta lógica de la moral es que tiene una implicación política práctica: el rechazo a la constitución de un Estado palestino a partir de la Autoridad Nacional Palestina.

 

Como puede verse, mientras los primeros insistíamos en celebrar el Foro sobre la base de la defensa común de los derechos que todos hacemos nuestros, al margen de la opinión concreta que cada entidad presente tuviera sobre el plan de Annápolis, los segundos lo hacían en el frente del rechazo a dicho plan, dado que ningún plan hasta la fecha garantiza cabalmente derecho alguno en el sentido pleno que esta palabra tiene.

 

La imposibilidad de superar en el debate tal disyuntiva -como es sabido, la moral no deja espacio a la acción política concreta-, impidió el sábado por la mañana continuar el Foro. Nada divide tanto al mundo como esos supuestos valores que algunos creen poseer en exclusiva contra/frente el/al resto.

 

UNAS PINCELADAS SOBRE LA SITUACIÓN

 

Como puede apreciarse, las diferencias surgieron cuando se pasó de los libros a la vida, cuyas fórmulas resultan siempre más complejas. Veamos a grandes rasgos la situación política en Oriente Próximo.

 

El unilateralismo militarista de los EEUU, con su fiel escudero Reino Unido, no avanza, al contrario, se empantana y retrocede. Ni uno sólo de los objetivos que llevaron a esas intervenciones han sido resueltos. Los británicos acaban de “pasar” el control de Basora a los iraquíes y la opinión pública en los propios EEUU es ya manifiesta y mayoritariamente contraria a la guerra. Por tanto, estamos ante las puertas, aunque aún no tenga forma clara, de un giro de la política de la principal potencia imperial en la zona, cuyos síntomas ya empiezan a observase. Y ante esos síntomas, las posiciones comienzan a moverse. Por un lado, Turquía busca ganar peso en la zona extendiendo su propio conflicto con los kurdos a través de la intervención en el Kurdistán iraquí; por otro, el conjunto de oligarquías árabes comienzan a expresar sin rubor su miedo a Irán, la otra gran potencia no árabe de la zona. Por último, el propio Irán intenta aumentar su peso en el área a la vista de la debilidad mostrada por los EEUU. Detrás de todo, el cada día más escaso petróleo y la imperiosa necesidad del imperialismo de terminar la ocupación perdiendo las menores plumas posibles en ello. O sea, salvando al máximo su control sobre el oro negro. En este contexto y ante la escalada del brutal déficit económico en los EE.UU. y la no victoria en sus guerras, se imponen salidas diplomáticas que objetivamente deben representar pactos con las oligarquías árabes, pero también con Irán.

 

Dentro de esta situación general de debilidad de todos, la de Israel tampoco es mejor. La última guerra en el Líbano es vivida como una derrota. La fragmentación social crece y las fuerzas políticas históricas del país se hallan en franca crisis. Por su parte, en Palestina la división entre sus fuerzas y entre sus escasos territorios, así como el colapso al que la comunidad internacional ha llevado a la ANP tras la victoria electoral de Hamas dominan sobre el conjunto de la situación. Finalmente, el Líbano sigue en un impasse institucional que, a pesar de que pueda resolverse en parte, mantiene los problemas de su independencia e integridad en plena efervescencia.

 

ANNÁPOLIS

Reconocer la creciente debilidad de los recursos que el imperialismo se había dado para hacer y deshacer en Oriente Próximo los pasados años, no debe llevar a la falsa conclusión de que la correlación de fuerzas no se encuentre dominada y, por un tiempo aún no previsible, por sus planes y sus propuestas. En resumidas cuentas, es el imperialismo quien sigue teniendo la iniciativa aunque sea a trancas y barrancas.

 

En este contexto debemos analizar la Conferencia de Annápolis. Dicha Conferencia representa una parte importante de la salida que el imperialismo está obligado a buscar hoy por hoy para rehacerse en la actual situación. Esa Conferencia no ha sido ya convocada con la lógica que dominó “la foto de las Azores”. Es decir, que “se sume el que quiera, que nosotros vamos a lo nuestro”. Annápolis ha contado con más de 40 países que han acudido a la conferencia tras una previa negociación; además tales países han sido llamados a sumarse a un plan de paz, no a una invasión militar, marcando así un síntoma del cambio que antes señalábamos.

 

Desde el punto de vista de la propuesta, las conclusiones de la Conferencia son claramente unilaterales, no multilaterales: el Gobierno americano será el garante del proceso de Annápolis, y son, además, obviamente imperialistas y míseras desde el punto de vista de la resolución de la gran magnitud de problemas acumulados alrededor de la causa palestina. Ahora bien, la Conferencia pone dos aspectos nuevos sobre la mesa: el plazo de un año y el compromiso de la Administración norteamericana para la creación a finales de 2008 un Estado palestino.

 

Avanzar en la resolución de los problemas de los palestinos implica superar la división entre Gaza y Cisjordania, detener el muro y los asentamientos, ganar el control sobre los recursos, poder centralizar la economía, las cuentas, la educación y la sanidad. Y, para todo ello, lograr un Estado palestino, por pequeño, dependiente e incompleto que sea, supondría un enorme paso. Todo el proceso de descolonización, el nacimiento de Timor o las más de 20 naciones con Estado que en los últimos 30 años han visto la luz en Europa prueban la importancia de ese paso que Annápolis pone en el calendario por primera vez y, por primera vez, como un problema de la política americana.

 

Como puede observarse, de nuevo, ese hecho nos lleva al debate sobre la moral y la política que tan intensamente tuvimos que vivir en Alcorcón los días del Foro. Dado que aquellos que hicieron de la “moral” su línea incidían en señalar la injusticia del plan trazado en Annápolis, su carácter imperialista y el raquitismo del Estado palestino propuesto (el 22% del territorio reconocido por la partición del 47), la lógica conclusión del razonamiento les llevó a partir las aguas alrededor de la idea de organizar un “frente del rechazo” a ese plan. Por el contrario, la primera línea que apareció en Alcorcón, sin negar todas la limitaciones de la propuesta acordada en Annápolis, quería y quiere incidir en el desarrollo de los derechos, es decir, en organizar las más amplias bases materiales posibles sobre las que lograr que la declaración de un Estado palestino, que junto a los kurdos es el ente nacional de la zona que aún no lo tiene, sea una plataforma para el avance real de esa paz justa para la que aún falta tanto.

 

En resumen, oponerse en los hechos a la proclamación de un Estado palestino en nombre de las justas reclamaciones, dado que el dibujo de éste está profundamente debilitado y disminuido, cuando la alternativa hoy es mantener la no existencia del mismo, representa un error y una mala política. Es un error porque profundiza la fragmentación de una sociedad civil necesitada de la máxima unidad y una mala política porque desprecia las potencialidades de los pequeños pasos posibles. Parafraseando a los clásicos, diríamos que un paso siempre vale más que mil programas y que es la defensa de ese paso la que puede, en todo caso, abrir la puerta al programa y no al revés. Un objetivo político presente, capaz de abrir una nueva dinámica y establecer una nueva correlación de fuerzas no puede sustituirse por un debate estratégico sobre la posibilidad en el futuro de un único estado democrático binacional en Palestina.

 

PERSEVERAR

 

El gran número así como la variedad de las fuerzas políticas, sindicales, de solidaridad, instituciones, parlamentos y gobiernos locales que se reunieron alrededor de la idea de organizar un Foro por una Paz Justa en Oriente Próximo demuestran que existe una base objetiva poderosa en el Estado español y en el área que quiere abrir la puerta a un espacio independiente de la sociedad civil que ayude, presione y coadyuve a la sustitución del militarismo unilateral por una política de paz con derechos basada en el derecho internacional, el multilateralismo, la cooperación y la plena soberanía de los pueblos. De ahí que debamos perseverar en estos esfuerzos.

 

Que fuera el Foro Social de Madrid el espacio del que surgió la idea tampoco fue casualidad. En el fondo de toda la propuesta radicaba y radica el profundo impulso positivo y democrático a favor de la paz que vio la luz en la oposición masiva y frontal contra la guerra de Irak. El espacio que mejor encarnaba y sigue encarnado, por su pluralidad, el conjunto de fuerzas que impulsaron esa movilización y su carácter variopinto es precisamente el Foro Social de Madrid. De ahí que ese espacio iniciara una andadura que ahora, forzosamente, debe seguir bajo otras iniciativas, pero siempre acompañando a una sociedad civil del otro lado del Mediterráneo que pugna por encontrar un lugar común en el que poder defender sus derechos. Derechos que son suyos y nuestros, de todos, y que a la vez constituyen el instrumento básico para la mejora, el cambio y el avance de toda sociedad.

 

*Carlos Girbau, fue el portavoz del Foro por una Paz Justa en Oriente Próximo y es Coordinador del Foro Social de Madrid

 

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