MAYO 1808

Madrid 2008: ¿Qué celebran? Mientras el pueblo luchaba con los franceses sus reyes lo traicionaban e intentaban congraciarse con Napoleón. Nada nuevo

¿Qué celebran estos hipócritas en Madrid? ¿La traicion de los reyes borbones (carlos IV o Fernando VII)? ¿O como la carne de cañon (el pueblo de Madrid) fue traicionado por un rey absolutista e incompetente?

Kaos. Memoria histórica [02.05.2008 21:19]

 

 

FERNANDO VII

 

La primera llegada al trono y las Abdicaciones de Bayona

Poco después, en marzo de 1808, ante la presencia de tropas francesas en España (dudosamente respaldadas por el Tratado de Fontainebleau), la corte se trasladó a Aranjuez, como parte de un plan de Godoy para trasladar a la familia real a América si la intervención francesa así lo requiriese. El día 17, el pueblo, instigado por los partidarios de Fernando, asaltó el palacio del Príncipe de la Paz. Aunque Carlos IV se las arregló para salvar la vida de su favorito, fue obligado a abdicar en favor de su hijo al día siguiente. Estos hechos son los que se conocen como Motín de Aranjuez. Por primera vez en la historia de España, un rey era destronado por su propio hijo.

Fernando VII como príncipe de AsturiasFernando volvió a la corte, donde fue aclamado por el pueblo de Madrid. Sin embargo, las tropas francesas al mando del general Murat habían ocupado Madrid el día anterior (23 de marzo). El depuesto rey y su esposa se pusieron bajo la protección de Napoleón y fueron custodiados por las tropas de Murat. Al mismo tiempo, Napoleón invitó al rey Fernando a reunirse con él, a lo que el rey accedió con la esperanza de que el emperador le reconociese y respaldase como rey de España. Aunque en un principio la reunión iba a tener lugar en España, finalmente acudió a Bayona. El 20 de abril pasó la frontera. Aunque él aún no lo sabía, fue el inicio de un exilio que duraría seis años. En el ínterin, Napoleón se las había arreglado para conseguir la liberación de Godoy y llevarlo a Bayona. Ante la perspectiva de reunirse con su favorito, los reyes padres solicitaron acudir también a Bayona. Escoltados por tropas francesas, llegaron a Bayona el 30 de abril. Dos días más tarde, en Madrid, el pueblo se levantaría en armas contra los franceses, dando lugar a los hechos del 2 de mayo de 1808, que marcan el comienzo de la Guerra de la Independencia Española.

Entretanto, la situación en Bayona estaba adquiriendo tintes grotescos. Carlos IV afirmó que la renuncia al trono producida tras el motín de Aranjuez era nula y exigió la devolución de su trono. Napoleón le obligó a ceder sus derechos a cambio de asilo en Francia para él, su mujer y su favorito Godoy, así como una sustancial pensión (30 millones de reales anuales). Cuando llegaron a Bayona las noticias del levantamiento de Madrid y de su represión, Napoleón ordenó a Fernando VII que reconociera a su padre como rey legítimo. A cambio de un castillo y de una pensión anual de cuatro millones de reales, aceptó, ignorando que su padre ya había renunciado en favor de Bonaparte. Era el 5 de mayo de 1808. La corona de España, pues, recayó en Napoleón, el cual se la cedió a su hermano José, que reinaría en España como José I Bonaparte. Todo este complicado acto de traspasos de la corona española se conoce como Abdicaciones de Bayona.
Estas abdicaciones no constituyeron únicamente un cambio dinástico. En una proclama a los españoles el 25 de mayo, Napoleón proclamó que España se encontraba frente a un cambio de régimen, con los beneficios de una Constitución sin necesidad de una revolución previa. A continuación, Napoleón convocó en Bayona una asamblea de notables españoles, la Junta española de Bayona. Aunque la asamblea fue un fracaso para Napoleón (sólo acudieron 75 de los 150 notables previstos), en nueve sesiones debatieron el proyecto de Constitución preparado por Napoleón y, con escasas rectificaciones, aprobaron en julio de 1808 la Constitución de Bayona.[1]

Mientras tanto, Fernando VII vio cómo Napoleón ni siquiera se molestó en cumplir su acuerdo e internó al antiguo soberano, junto con su hermano Carlos María Isidro y su tío Antonio Pascual, en el castillo de Valençay, propiedad del Príncipe de Benevento, que los recibió allí el 10 de mayo. Valençay era una propiedad rústica junto a un pueblo de unos 2.000 habitantes, aislada en el centro de Francia, a unos 300 kilómetros de París. Fernando permanecería en Valençay hasta el final de la Guerra de la Independencia. Sin embargo, sus condiciones de cautiverio no fueron muy severas; el Rey y su hermano recibían clases de baile y música, salían a montar o a pescar y organizaban bailes y cenas. Disponían de una buena biblioteca, pero el infante don Antonio Pascual puso todos los impedimentos posibles para que no leyeran libros franceses que pudieran ejercer una mala influencia sobre sus jóvenes sobrinos. A partir del 1 de septiembre de ese año, sin embargo, la marcha de Talleyrand y la negativa de Bonaparte a cumplir lo estipulado con respecto a sufragar sus gastos, hicieron que su tren de vida fuera cada vez más austero, reduciéndose la servidumbre al mínimo.

Creyendo que nada se podía hacer frente al poderío de Francia, Fernando pretendió unir sus intereses a los de Bonaparte, y mantuvo una correspondencia servil con el corso, hasta el punto de que éste, en su destierro de Santa Helena, recordaba así la actuación del monarca español:

"No cesaba Fernando de pedirme una esposa de mi elección: me escribía espontáneamente para cumplimentarme siempre que yo conseguía alguna victoria; expidió proclamas a los españoles para que se sometiesen, y reconoció a José, lo que quizás se habrá considerado hijo de la fuerza, sin serlo; pero además me pidió su gran banda, me ofreció a su hermano don Carlos para mandar los regimientos españoles que iban a Rusia, cosas todas que de ningún modo tenía precisión de hacer. En fin, me instó vivamente para que le dejase ir a mi Corte de París, y si yo no me presté a un espectáculo que hubiera llamado la atención de Europa, probando de esta manera toda la estabilidad de mi poder, fue porque la gravedad de las circunstancias me llamaba fuera del Imperio y mis frecuentes ausencias de la capital no me proporcionaban ocasión."

Su humillación servil le llegó al punto de organizar una fastuosa fiesta con brindis, banquete, concierto, iluminación especial y un solemne Te Deum con ocasión de la boda de Bonaparte con María Luisa de Austria en 1810. Cuando el corso reprodujo la correspondencia que le enviaba Fernando en Le Moniteur, para que todos, en especial los españoles, vieran su actuación, éste se apresuró a agradecer con desverguenza a su Emperador que hubiese hecho público de tal modo el amor que le profesaba.

Sin embargo, la condición de prisionero de Napoleón creó en Fernando el mito del Deseado, víctima inocente de la tiranía napoleónica. Las Cortes de Cádiz, que redactaron y aprobaron la Constitución de 1812 no cuestionaron en ningún momento la persona del monarca y lo declararon como único y legítimo rey de la Nación española.

 

El regreso de El Deseado

Retrato de Fernando VII. Francisco de Goya. Museo Municipal de Bellas Artes, Santander, (España)En julio de 1812, el duque de Wellington, al frente de un ejército anglohispano y operando desde Portugal, derrotó a los franceses en Arapiles, expulsándoles de Andalucía y amenazando Madrid. Si bien los franceses contraatacaron, una nueva retirada de tropas franceses de España tras la catastrófica campaña de Rusia a comienzos de 1813 permitió a las tropas aliadas expulsar ya definitivamente a José Bonaparte de Madrid y derrotar a los franceses en Vitoria y San Marcial. José Bonaparte dejó el país, y Napoleón se aprestó a defender su frontera sur hasta poder negociar una salida.

Fernando, al ver que por fin la estrella de Bonaparte empezaba a declinar, se negó arrogantemente a tratar con el gobernante de Francia sin el consentimiento de la nación española y la Regencia. Pero temiendo que hubiera un brote revolucionario en España, se avino a negociar. Por el Tratado de Valençay del 11 de diciembre de 1813, Fernando VII recuperó su trono y todos los territorios y propiedades de la Corona y sus súbditos antes de 1808, tanto en territorio nacional como en el extranjero; a cambio se avenía a la paz con Francia, el desalojo de los británicos y su neutralidad en lo que quedaba de guerra. También acordó el perdón de los partidarios de José I, los afrancesados.

Aunque el tratado no fue ratificado por la Regencia, Fernando VII fue liberado y regresó a España el 14 de marzo de 1814. Llegó el momento de la verdad respecto a la Constitución de 1812. De acuerdo con los decretos de las Cortes, "no se reconocería por libre al Rey, ni por tanto, se le prestaría obediencia hasta que […] preste el juramento prescrito por el artículo 173 de la Constitución". Fernando VII se negó a seguir el camino marcado por la Regencia y entró en Valencia el 16 de abril. Allí le esperaban un representante de la Regencia con el texto de la Constitución y un diputado absolutista con un manifiesto absolutista firmado por 69 diputados. Era el llamado Manifiesto de los Persas, rechazando las Cortes liberales. El 17 de abril, el general Elío invitó al monarca a recobrar sus derechos, poniendo sus tropas a disposición del monarca y realizando el que es probablemente el primer pronunciamiento de la historia de España.

El 4 de mayo de 1814, Fernando VII promulgó un decreto que restablecía la Monarquía absoluta y declaraba nulo y sin efecto alguno toda la obra de las Cortes de Cádiz (…[eran] aquella Constitución y aquellos decretos nulos y de ningún valor ni efecto, ahora ni en tiempo alguno, como si no hubiesen pasado jamás tales actos y se quitasen de enmedio del tiempo). El 5 de mayo, Fernando VII salió de Valencia y emprendió una marcha triunfal hacia Madrid. El entusiasmo popular ante el retorno del Deseado fue inmenso. El régimen constitucional no fue capaz de oponer resistencia, y las Cortes fueron disueltas el 10 de mayo de aquel año. 

 

Fuente: Wikipedia 

 


 

Vilezas de Fernando VII

 

Por Claudio Mena Villamar

 

Viene a cuento tratar este tema porque se trata de un rey que claudicó ante Napoleón Bonaparte en una serie de sucesos indignos recogidos por la historia. Además, Fernando fue el rey que recibió la adhesión de los españoles de España y de América, frente a Napoleón. En la noche quiteña del 9 de agosto de 1809, se lanzaron vivas a Fernando VII como lo hicieron las juntas creadas en España que expresaron su adhesión al rey que claudicó. En 1808, Fernando era príncipe de Asturias, heredero al trono de su padre Carlos IV. Godoy era el valido de la corte y mantenía relaciones amorosas con la madre del príncipe. En el motín de Aranjuez, se produce la caída de Godoy, la abdicación del rey y la subida al trono de Fernando quien después de humillarse, pedir servilmente perdón a sus padres y como dice el historiador Josep Fontana “pagando una propaganda clandestina que hará públicas las relaciones amorosas de su madre María Luisa con el favorito”. En el mes de marzo de ese año, las tropas francesas ocupaban España con autorización de Carlos IV y del mismo Fernando que había escrito antes del motín una carta servil a Napoleón en la que le solicitaba apoyo y, además, la mano de una señora de su familia con quien se casaría con la aceptación de Napoleón.

Napoleón Bonaparte se encontró en Bayona con Fernando, sus consejeros, el depuesto rey Carlos IV y su esposa, a quienes el emperador anunció su propósito de cambiar la dinastía reinante en España.

Escribe el historiador Fontana que “las escenas que tuvieron lugar en Bayona fueron de una abyecta bajeza”. El depuesto rey cedió a Napoleón todos sus derechos al trono de España e Indias. El 10 de mayo Fernando, con un hermano y un tío marcharon a un dorado cautiverio en Francia. Allí, en carta dirigida a Napoleón, Fernando haría “las más repulsivas pruebas de su vileza moral” según Fontana, pues felicitó a Napoleón por sus victorias militares, llegando a decir: “Mi gran deseo es ser hijo adoptivo de S.M. el emperador, nuestro augusto soberano. Yo me creo digno de esta adopción que sería verdaderamente la felicidad de mi vida, dado mi amor y mi perfecta adhesión a la sagrada persona de S.M.I. y mi sumisión y entera obediencia a sus pensamientos y a sus órdenes.” Este texto es más repugnante si se considera que no fue resultado de una imposición. Como lo diría después Napoleón, la prisión de Fernando no era tal y si no le dejó libre para ir a París como él lo pedía, fue para evitar un espectáculo de sumisión que habría impresionado a Europa. Mientras Fernando daba muestras de sumisión a Bonaparte, las fuerzas francesas ocupaban casi toda Andalucía y los patriotas españoles se preparaban para luchar por su independencia y poner en el trono a quien había pedido ser hijo adoptivo de Napoleón, lo que seguramente se debió, según Fontana, para acallar las “malas lenguas que le suponían hijo – y no adoptivo- de un fraile de El Escorial.”

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Una respuesta a MAYO 1808

  1. David dijo:

    Saludos Lujimfer!
     
    Hace mucho que no te veo por mi blog ¿qué tal te va? Yo estoy recomenzando mi proyecto musical particular, y parece que estoy escribiendo más ¡quién sabe lo que nos depara el futuro!
     
     

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