El problema más importante que se había planteado en la zona republicana era ¿quién tomaba el poder, quién dirigía la guerra? Sólo habían dos respuestas: la burguesía republicana o el proletariado. (PRIMERA PARTE)

El problema más importante que se había planteado en la zona republicana era ¿quién tomaba el poder, quién dirigía la guerra? Sólo habían dos respuestas: la burguesía republicana o el proletariado.

 

EL GRUPO FRANCO-ESPAÑOL

DE LOS AMIGOS DE DURRUTI

 

 

INTRODUCCION[1].

 

Charles Cortvrint[2], belga, y Charles Carpentier[3], del norte de Francia, ambos militantes anarquistas, atravesaron la frontera franco-española el 29 de julio de 1936. Charles “Ridel” ya había estado en España, en el congreso de la CNT de Zaragoza, en mayo de 1936, y redactó un informe de ese congreso, que se publico en La révolution proletarienne. Días después de cruzar la frontera, ya en Barcelona, se entrevistaron con Abad de Santillán, que les ofreció un pase de periodistas, que rechazaron, porque lo que querían era luchar en el frente de Aragón. Se unieron a Louis Berthomieux, antiguo capitán de artillería, que ahora era un indigente, que vivía en un barrio de barracas, con los gitanos. Este trío, ante la llegada de numerosos voluntarios anarquistas extranjeros para combatir en España, tuvo la idea de agruparlos para fundar el Grupo internacional de la Columna Durruti. Participaron en la toma de Pina de Ebro y de Osera, así como en un intento fallido de establecer una cabeza de puente en la otra orilla del Ebro. En septiembre de 1936 sesenta hombres del grupo internacional, con gran experiencia militar, participaron como tropa de elite en el asalto de Siétamo, donde tuvieron 37 bajas, entre muertos y heridos.

 

 

El 17 de octubre de 1936 el grupo internacional fue diezmado en Perdiguero, tras duros combates con la caballería marroquí, que había conseguido encerrarlos en una bolsa, y aislarlos del resto del frente, ya que no les había llegado la orden de retirada, porque el enlace que debía comunicarla se había extraviado. Berthomieux había preferido saltar con una carga de dinamita antes que caer en manos del enemigo. Ridel y Carpentier, que sólo unas horas antes habían ido a buscar armas y municiones suplementarias, sólo pudieron participar en la ruptura del cerco para forzar la retirada final. Murieron 170 milicianos del total de 240 de que constaba entonces el grupo internacional, que en la práctica desapareció como tal. Tras este desastre militar Ridel y Carpentier regresaron a Francia. Charles Ridel, a petición de la Union Anarchiste (UA), se dedicó a dar conferencias para recaudar fondos, y a la organización de la ayuda a los milicianos que combatían por la revolución en España. Carpentier regresó a España en diciembre de 1936, y participó en la moción que consideraba a esos grupos de fábrica como elementos de reclutamiento sin representación. Esto significaba que el anarquismo francés renunciaba a organizarse firmemente en las fábricas, y optaba por una organización de tipo local más adecuada al cultivo de la filosofía que de la lucha de clases.

 

La segunda sesión se dedicó exclusivamente al debate sobre España. A la argumentación de Frémont, extremadamente comprensiva con la dejación de principios anarquistas en favor del colaboracionismo con el gobierno, le respondió Daurat con la cuestión clave de la toma del poder en una revolución:

 

"Creo que la cuestión debe plantearse en el terreno político. ¿Es imposible instaurar el comunismo libertario? Entre tomar el poder y participar en un gobierno Negrín o Caballero, hay una posición [de principios] mínima para los anarquistas, esto es, hacer un llamamiento a las organizaciones sindicales, crear un comité de coordinación, que halle una fórmula revolucionaria lógica para el período transitorio, y [que sea capaz de] organizar la dictadura del proletariado en un plano democrático mediante un gobierno de los sindicatos[4]. Sin embargo se objetará que existen partidos políticos con los cuales es necesario hacer una parte del camino. Creo que no hay que hacerse ilusiones y no perder de vista que los partidos burgueses no tienen más objetivo que abortar la revolución. En consecuencia, esa parte del camino debe cesar en algún momento. Recordemos los hechos de mayo y los anarquistas encarcelados. ¿La situación es tan desesperada que hay que implorar de París y Londres una paz honrosa? ¿O bien los anarquistas deben intentar reactivar la situación revolucionaria? En un reciente artículo en Le Libertaire Gaston Leval justifica los compromisos [del colaboracionismo], declara que era imposible vislumbrar otra cosa que no fuera un gobierno de síntesis (anarquistas, socialistas autoritarios y republicanos). ¿No sería mejor organizar la paz? ¿O revisar de arriba abajo nuestra doctrina? Parece que conviene no hablar de anarquismo en eso que ha dado en llamarse Revolución española. ¿Cuáles son en realidad las realizaciones españolas? ¿Las colectivizaciones de Aragón y Cataluña? Pero si están sometidas al gobierno burgués (Ascaso en prisión) y no son de hecho más que simples cooperativas. El principio de la democracia obrera exigía que después del 19 de julio se constituyeran comités de obreros CNT-UGT. La respuesta que se dió: "Estamos contra la toma del poder", es insuficiente y el anarquismo no debe ser abandonado por la dictadura del proletariado. Hay que constituir el gobierno de los sindicatos[5]."

 

En definitiva lo que estaba defendiendo Lucien Feuillade ("Luc Daurat") eran las posiciones anarcosindicalistas como alternativa al colaboracionismo gubernamental.

 

Guyard mostró también su oposición a las posiciones de la mayoría del congreso, que aprobaban el colaboracionismo de los dirigentes anarquistas españoles:

 

"la participación ministerial de la CNT en el poder en España fue nefasta, hubo ministros anarquistas al mismo tiempo que había anarquistas en prisión. Hubo falta de energía por parte del ministro de Justicia, que pudo actuar de otro modo apoyado por las organizaciones sindicales."

 

Fue muy interesante la intervención del delegado de "Paris 14" que tras afirmar que la participación anarquista en el gobierno fue nefasta y criticar las posiciones sobre la URSS y los estalinistas defendidas por Solidaridad Obrera y Catalunya, constató que la FAI se había convertido en un partido político más. En sus críticas contra las distintas organizaciones y dirigentes excluía expresamente a las Juventudes Libertarias y a Los Amigos de Durruti.

 

Tras un largo, confuso y acalorado debate en el que la mayoría del congreso expuso ampliamente sus argumentaciones, Carpentier y Ridel intervinieron para resumir las posiciones encontradas sobre el caso español, que se habían puesto de manifiesto. En primer lugar expusieron su derecho a poder realizar las críticas que consideraban justas y oportunas de la FAI y de la CNT, sin que ello supusiera atacar o traicionar a nadie. Destacaron la existencia de una oposición al colaboracionismo en la propia España, encarnada en Los Amigos de Durruti. En segundo lugar manifestaron que era lógico decirles a quienes combatían a Franco que había que luchar hasta el final, y también había que combatir al gobierno republicano. En las intervenciones de la mayoría había llegado a decirse que en España no había habido revolución. En último lugar expusieron sus críticas a la catastrófica táctica de la FAI que aceptó compartir las responsabilidades gubernamentales en igualdad de condiciones con los partidos políticos pese a su superioridad numérica. Constaban la falta de preparación de la CNT-FAI y el divorcio existente entre la base y la dirección. Por otra parte, la existencia de ministros anarquistas impidió que las tropas del frente de Aragón bajaran a Barcelona en mayo del 37, y la falta de cooperación de los estalinistas había acabado en fracasos militares en Aragón.

 

Ridel hizo una durísima crítica del movimiento anarquista español:

 

"Hay que efectuar la crítica del movimiento [anarquista] español porque pone de relieve los defectos de todo el movimiento anarquista: ausencia de planificación económica, ausencia de programa. La colaboración de clases y gubernamental se ha mostrado impotente, habría de haberse llevado a cabo la amenaza de Durruti: "tomar el dinero del Banco de España".

 

Ridel mostró su acuerdo con Daurat al definirse no como antifascistas, sino como anticapitalistas. En su intervención Ridel rechazó tanto a los colaboracionistas como a los puristas. Según él la CNT podía unirse en la lucha con otros partidos políticos, pero nunca con partidos burgueses y en el seno de un gobierno burgués. Y acabó afirmando que:

 

"Si es imposible que la clase obrera pueda hacer sola la revolución entonces la revolución es imposible".

 

La sesión terminó con varias intervenciones de la mayoría entre las que destacaban las siguientes argumentaciones favorables a la política colaboracionista del anarquismo español:

 

1.- No podemos ni debemos constituirnos en un tribunal que juzgue a los camaradas españoles.

2.- La falta de armamento y el peso de las circunstancias impusieron la necesidad de colaborar con otros partidos y con el gobierno burgués en la lucha contra el fascismo.

3.- Si en mayo del 37 se hubiera proclamado el comunismo libertario los anarquistas habrían acabado siendo aplastados por el resto de organizaciones y por el gobierno republicano.

4.- No ha habido abandono de principios por parte de la CNT, no ha habido traición de los ministros anarquistas, se hizo lo único que se podía hacer.

5.- Era preferible el repliegue adoptado por el anarquismo español a su aplastamiento: esto ha permitido la colectivización de las empresas, que atestiguan el valor de las concepciones revolucionarias anarquistas.

 

En la tercera sesión del congreso se debatió la acción del Comité pro España Libre, creado por la UA con el fin de extender y fortalecer la solidaridad internacional antifascista. Guyard y Ridel aprobaron la labor del Comité, objetando que ello no sancionaba el nuevo organismo que se proyectaba (la Solidaridad Internacional Antifascista (SIA)) y lamentando que los mítines del Velódromo de Invierno se hicieran sin una consigna común. El debate terminó con la aprobación de la creación del SIA.

 

Por la tarde se trató el tema de la organización de la UA. Frémont fue el encargado de abrir el debate. En su intervención intentó acallar las críticas de la oposición afirmando que la organización siempre tenía razón y que los desacuerdos parciales en determinados aspectos debían desaparecer frente al adversario:

 

"Incluso en caso de desacuerdo, la solidaridad y el espíritu organizativo nos llevan a justificar públicamente las posiciones de la FAI".

 

El congreso finalizó pues con la absoluta victoria de las tesis defendidas por la mayoría del congreso, marcado sin embargo por la firme defensa por parte de los disidentes Ridel, Daurat, Guyard y Carpentier de sus críticas a la deriva colaboracionista del movimiento anarquista español, refrendados ahora por el congreso francés de la UA.

 

Por lo menos en Francia había sido posible la crítica abierta de las posiciones ideológicas del anarquismo de Estado, y había sacado a la luz la existencia de una oposición libertaria a la dejación de principios ácratas y al colaboracionismo de la CNT-FAI. Eso no había sido posible en España, donde los comités dirigentes habían intentado la expulsión de Los Amigos de Durruti, y en todo caso habían conseguido su ostracismo y clandestinidad. En Francia sólo fue posible el debate después que los anarquistas fueran desplazados (como había constatado Ridel durante el congreso) de las tareas gubernamentales. Pero en todo caso el resultado fue similar tanto en España como en Francia: la absoluta marginación de los disidentes por la mayoría, partidaria del colaboracionismo con los partidos burgueses, incluso en el seno de un gobierno capitalista.

 

En febrero de 1938 "Charles Ridel" (Charles Cortvrint) fundó con "Luc Daurat" (Lucien Feuillade), la revista Revision. En esta revista anarquista de teoría y análisis, en la que se expusieron y defendieron las posiciones de Los Amigos de Durruti, los disidentes del congreso pudieron desarrollar sus análisis sobre la situación internacional, así como interesantes temas de teoría política, fundamentalmente sobre la cuestión del Estado.

 

En el primer número apareció un manifiesto firmado por Maire-Louise Berneri, Suzan Broido, "Luc Daurat" (Lucien Feuillade), René Dumont[6], Greta Jumin, Marester, Jean Meier, Jean Rabaud, "Charles Ridel" (Charles Cortvrint) y Sejourne, que explicaba las razones que hacían necesaria la aparición de la nueva revista. La revista era considerada como una plataforma común de los jóvenes revolucionarios, que aunque de distintos credos políticos, ya fueran marxistas o anarquistas, coincidían en la necesidad de revisar y criticar las posiciones caducas, ya fueran de carácter oportunista o purista estrechamente asociadas al movimiento anarquista, ya fueran el sectarismo socialista o estalinista o bien la hipercrítica de las distintas oposiciones comunistas. La revista, aunque se declaraba libertaria, era independiente de cualquier organización o partido y se consideraba abierta no sólo a la crítica y el análisis de la realidad existente, sino también a la teorización de las experiencias revolucionarias rusa y española, así como del fenómeno fascista en Italia y Alemania.

 

En el número 3 de la revista, fechado en abril de 1938, se publicó con carácter monográfico un estudio colectivo de los problemas referentes al Estado y la Revolución. Se trataba de un estudio, riguroso y muy interesante, de la cuestión del Estado y de los problemas que plantea una revolución proletaria, en el que se hacía una exposición crítica de las tesis socialistas, estalinistas y anarquistas. El estudio finalizaba en el número 4 de la revista. Como un apartado más de ese estudio sobre el Estado y la Revolución se hacía una exposición del programa de Los Amigos de Durruti, que por su destacado interés reproducimos en su totalidad:

 

"En fin, la experiencia española al someter a la prueba de fuego de la práctica toda la doctrina anarquista, ha permitido a una organización catalana: Los Amigos de Durruti, establecer un programa simple y preciso en el que se plantea la cuestión de qué organismos deben responder a las necesidades de la lucha civil. Este programa se aproxima mucho a la concepción sindicalista; por otra parte, hace aparecer por primera vez en la ideología libertaria el concepto concreto de un órgano centralizado que debe enfrentarse a los peligros más apremiantes.

 

Helo aquí, tal como Los amigos de Durruti lo han publicado[7]:

 

"I. Constitución de una Junta Revolucionaria o Consejo Nacional de Defensa. Este organismo se constituirá de la siguiente manera: los miembros de la Junta Revolucionaria se elegirán democráticamente en los organismos sindicales. Se tendrá en cuenta el número de camaradas desplazados al frente que necesariamente habrán de tener representación. La Junta no se inmiscuirá en los asuntos económicos, que atañen exclusivamente a los sindicatos.

Las funciones de la Junta Revolucionaria son las siguientes:

a) Dirigir la guerra;

b) Velar por el orden revolucionario;

c) Relaciones internacionales;

d) Propaganda revolucionaria.

Los cargos serán renovados periódicamente para evitar que nadie tenga apego al mismo. Y las asambleas sindicales ejercerán el control de las actividades de la Junta.

 

II. Todo el poder económico a los sindicatos. Los sindicatos han demostrado desde julio su gran poder constructivo. Si no se les hubiese relegado a un papel de segunda fila, hubieran dado un gran rendimiento. Serán las organizaciones sindicales quienes estructuren la economía proletaria.

Teniendo en cuenta las modalidades de los sindicatos de industria y de las federaciones de industria, podrá además crearse un Consejo de Economía con el objetivo de coordinar mejor las actividades económicas.

 

III. Municipio Libre. (…) Los Municipios se encargarán de las funciones sociales que se escapan de la órbita de los sindicatos. Y como vamos a estructurar una sociedad netamente de productores, serán los propios organismos sindicales quienes irán a nutrir los centros municipales. Y no habiendo disparidad de intereses no podrán existir antagonismos.

Los Municipios se constituirán en federaciones locales, comarcales y peninsular. Los sindicatos y los Municipios establecerán relaciones en el área local, regional y nacional."

 

Los Amigos de Durruti preconizan igualmente una serie de medidas como son: la lucha contra la burocracia y los salarios anormales; el establecimiento de un salario familiar; la socialización de la distribución y el racionamiento; el control sindical de las milicias; la organización de la policía por los sindicatos; la socialización agraria; una política internacional basada en los centros obreros del extranjero y en su acción; la alianza entre los sindicatos obreros de las diferentes tendencias, con exclusión de los burócratas, arribistas y cargos sindicales de los partidos políticos; el rechazo a colaborar con las fuerzas burguesas y estatales, o reforzarlas del modo que sea.

 

Creemos que éste es el primer programa concreto defendido públicamente por una tendencia anarquista, aplicado a una situación real y hecho con consignas precisas."

 

Cabe destacar que Charles Ridel subrayaba el carácter sindical, o si se quiere anarcosindicalista, del programa de Los Amigos de Durruti. Por otra parte cuando Ridel hacía alusión a las alianzas sindicales, tanto en sus intervenciones en el congreso de la UA, como en Revision, parece referirse a la UGT. Y en esto está malinterpretando a Balius, porque Los Amigos de Durruti, después de mayo del 37, sabían que la UGT en Cataluña era una organización sindical estalinizada con la que no era posible alianza alguna. Cuando Los   Amigos de Durruti hablaban de sindicatos normalmente hacían referencia a los distintos sindicatos de ramo (del metal, del textil, de la alimentación, etc…) de la CNT, no a la UGT.

 

 

En este mismo número 4 de Revision aparecía la convocatoria para el miércoles 6 de abril de 1938 de una conferencia de Ridel, en París, sobre el tema "La posición y el programa de Los Amigos de Durruti". Podemos afirmar pues, que Charles Ridel, tras el congreso de la UA de noviembre de 1937, se convirtió en propagandista y valedor de las posiciones y del programa de Los Amigos de Durruti en Francia.

 

El número 5 de Revision se publicó en junio-julio de 1938, para no aparecer durante un año, a causa del alza de los precios de imprenta, del retroceso de movimiento obrero francés y de la debilidad del grupo editor.

 

El 26 de enero caía Barcelona en manos de las tropas franquistas. En febrero se producía el paso de la frontera francesa por centenares de millares de exiliados españoles. Entre ellos Jaime Balius, que en la evasión del campo de concentración de la Tour de Carol perdió una maleta llena de documentos.

 

En agosto de 1939, en el número 6 de Revision, se publicaron textos firmados por el Grupo franco-español de Los Amigos de Durruti. El grupo estaba apoyado por los disidentes del congreso de la UA y redactores de la revista Revision, que simpatizaban con las posiciones de Los Amigos de Durruti, al tiempo que desarrollaron críticas muy duras al movimiento anarquista oficial. Los militantes más activos y destacados de este grupo disidente fueron Lucien Feuillade y Charles Cortvrint, que contaron además con el apoyo y solidaridad de André Prudhommeaux, director de L’Espagne nouvelle.

 

El número 6 de la revista Revision apareció con el subtítulo de "correo de los campos de concentración" y publicó varios comunicados del Grupo franco-español de Los Amigos de Durruti. En realidad todo el número se dedica al tema español, a las condiciones de vida de los exiliados españoles en los campos de concentración y a manifestar la solidaridad y apoyo del grupo editor al programa defendido durante la guerra por Los Amigos de Durruti. La revista se hacía eco de la discriminación de que eran objeto los miembros de Los Amigos de Durruti por parte del SIA, porque se habían atrevido a publicar en Le Réveil Syndicaliste un artículo crítico con los dirigentes anarquistas españoles.

 

 

Los documentos firmados por El Grupo franco-español (o también: Agrupación franco-española) de Los Amigos de Durruti, son los siguientes:

1.- "La evolución de la democracia francesa" (en francés).

2.- "Una nueva etapa. Somos los de siempre" (en español).

3.- "La tragedia española" (en español).

 

También se publicó en este número un "Documento que la Comisión provisional de relaciones de los campos de concentración dirige a la Diputación permanente de las ex-Cortes republicanas españolas", publicado en español, al que da su adhesión la Agrupación de Los Amigos de Durruti, así como una serie de notas, noticias y artículos breves redactados en español, que aparecen sin firma alguna.

 

Lo más importante de este número de Revision, fechado en agosto de 1939, es precisamente la constancia que da de la formación del Grupo franco-español de Los Amigos de Durruti, en el exilio francés, aunque la declaración formal de guerra con Alemania, y la consiguiente movilización general, a principios de septiembre, hicieron imposible la continuidad del Grupo.

 

Por otra parte, André Prudhommeaux decidió publicar un número triple de L’Espagne nouvelle, con el subtítulo de "L’Espagne indomptée", fechado en julio-setiembre de 1939, en el que aparecieron dos artículos de Balius, que analizaremos en el siguiente capítulo. En este mismo número de L’Espagne nouvelle aparecieron unos interesantes artículos firmados por A.P. (André Prudhommeaux), Ridel, Hem Day, Malander y Ernestan, muy próximos a las posiciones críticas de Los Amigos de Durruti.

 

También se publicó en inglés un artículo titulado "The Friends of Durruti accuse", firmado por "The Franco-Spanish Group of The Friends of Durruti", que apareció en el número de junio-julio de 1939 de Solidarity, órgano de la Anti-Parlamentary Communist Federation (APCF)[8]. La publicación del artículo de Los Amigos de Durruti se debió probablemente a Jane Patrick y Ethel MacDonald, que desde su permanencia en España, desde octubre de 1936 hasta 1938, sostenían posiciones críticas respecto al colaboracionismo gubernamental de la CNT-FAI.

 

Tanto en Francia como en el Reino Unido la Guerra de España supuso una revitalización y cierto auge del movimiento anarquista, pero también el surgimiento de posiciones políticas enfrentadas, que les planteaba la necesidad de optar entre el reformismo colaboracionista de la dirección oficial cenetista o las radicales críticas revolucionarias de Los Amigos de Durruti. Ya hemos visto que en Francia ello supuso la expulsión, en el congreso de la UA, del sector crítico formado entre otros por Ridel y Carpentier; en el Reino Unido el proceso condujo a la escisión del sector anarquista en el seno del APCF, para formar la Glasgow Annarchist-Communist Federation.

 

En ambos países André Prudhommeaux actuó como avalador y difusor de los críticos análisis de Los Amigos de Durruti. Fue André Prudhommeaux[9] quien envió ejemplares de El Amigo del Pueblo a "Chazé"[10], que los tradujo y publicó en el órgano del grupo Union Communiste, titulado L’Internationale (que publicó además textos de Josep Rebull, que animaba una posición de izquierda en el seno del POUM). También fue, probablemente, André Prudhommeaux quien envió a su amiga Ethel MacDonald[11] el texto de Los Amigos de Durruti que se publicó en Solidarity.

 

                                         Agustín Guillamón.

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