INTERNACIONAL-RUSIA, USA, EU, OTAN, OSETIA, KOSOVO-AUTODETERMINACIÓN….

Opiniones

Respuesta a Kosovo y

             el escudo antimisiles
28/ 08/ 2008

 

Rosendo Fraga, Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría, para RIA Novosti. La estrategia de Rusia, coherente con la política de los zares y la que mantuvo Stalin pese al drástico cambio de régimen político, es que Rusia sea una potencia euroasiática, cuya hegemonía se ejerza en el Asia Central y en Europa Oriental, logrando así una neutralización de Europa Central.

 

El alineamiento definido de Georgia con Washington, así como el despliegue del escudo antimisiles de EEUU en Polonia y República Checa, son obstáculos en esta estrategia.

 

Mientras el conflicto georgiano parece haber entrado en una tensa tregua, el generado por el escudo está escalando.

 

Condolezza Rice ha viajado a Varsovia para firmar el acuerdo por el cual se instala en el país el sistema que permite destruir los misiles que hipotéticamente provengan de Rusia -aunque Washington argumenta que el objetivo es neutralizar los que eventualmente dispare Irán-, mientras que las Fuerzas Armadas rusas anunciaron que Polonia por esta causa pasa a ser blanco de sus misiles.

 

Días antes del conflicto de Georgia, Rusia anunció que podía desplegar misiles en Bielorusia con capacidad de alcanzar Europa Occidental, como respuesta al despliegue del escudo antimisiles de EEUU.

 

Con la respuesta frente al conflicto georgiano, Rusia parece advertir a los aliados de la OTAN en las ex republicas soviéticas -cabe recordar que tanto Georgia como Ucrania han pedido integrarla-, que no va a aceptar que las fronteras de la alianza atlántica siga llegando hasta las propias, como ya sucede con Estonia, Lituania y Letonia, las tres repúblicas bálticas.

 

Pero también está diciendo a Washington y Europa que no acepta que los ex países del Pacto de Varsovia sean bases de un escudo antimisiles que puede implicar una restricción para el poder militar de Moscú.

 

Como represalia a la presencia militar rusa en Georgia, la OTAN respondió suspendiendo las relaciones con Rusia y ésta, a su vez, suspendiendo la cooperación con ella.

 

A la vez, el gobierno ruso está emitiendo señales de que está dispuesto a redoblar la apuesta, llevando su presencia militar a las fronteras marítimas de EEUU. Es así como, ante informaciones de la prensa en Moscú de que una flota rusa podría llegar al Mar Caribe, Chávez se apuró a decir que sería bien recibida en su país.  

 

En este contexto, el reconocimiento de la independencia de Osetia del Sur y Abjasia por parte de Rusia, es una respuesta al despliegue del escudo antimisiles en Europa Central, y también a la reciente independencia de Kosovo, reconocida por EEUU y la UE, pero no por Rusia.

 

En conclusión: Rusia desarrolla hoy la versión siglo XXI de la geopolítica de Stalin en el siglo pasado y la de los Zares en los precedentes, pero no debe olvidar que la historia muestra que las crisis suelen escalar por errores de cálculo, en una batalla en la cual el objetivo final no es Osetia del Sur y Abjasia, las regiones secesionistas de Georgia, sino el escudo antimisiles de EEUU desplegado en Europa Central.

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Últimas noticias

Japón aplaza

   ejercicios navales con Rusia

02/ 09/ 2008

 

Tokio, 2 de septiembre, RIA Novosti. Japón decidió aplazar los ejercicios navales que tenía previsto realizar con la Armada rusa el próximo 9 de septiembre, reveló hoy una fuente del Ministerio nipón de Defensa.

Se trata de la décima edición de maniobras que Japón y Rusia celebran anualmente desde 1998. El plan original contemplaba que este simulacro de una operación de rescate marítimo, con la participación de buques de guerra y aviación, tuviera lugar cerca de Sasebo, la base naval que EEUU mantiene en la zona de Nagasaki, pero después se optó por trasladarlo al Mar de Japón, para evitar el encuentro de un destructor ruso dotado de misiles con navíos estadounidenses. Más tarde, vino la orden de aplazar estas maniobras, afirmó la fuente al pedir el anonimato.

 

El Gobierno "siguió el ejemplo de la OTAN que también canceló ejercicios conjuntos con Rusia" a raíz del conflicto en el Cáucaso, dijo. Al mismo tiempo, agregó que Moscú "no debería sacar conclusiones a largo plazo a partir de esa decisión". Rusia entiende que la creación de un sistema de defensa antiaérea en torno a Japón y el despliegue de antimisiles en Europa persiguen objetivos diferentes, y Tokio valora altamente esa postura, recordó.

 

ENLACE: OPINION Y NOTICIA SACADOS DE "RIA NOVOSTI"

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ENLACE CON EL DIARIO "PUBLICO"

 

¿Por qué no hablar de autodeterminación?

31 Ago 2008

 

CARLOS TAIBO

 

 

 

Ya he tenido en estas mismas páginas la oportunidad de subrayar que, en relación con el conflicto que afecta en estas semanas a una parte del Cáucaso occidental, es difícil sumarse a las razones que han aducido los contendientes implicados. Si sobran los motivos para repudiar la activa presión imperial que Washington ejerce en un lugar muy sensible, nada invita a reírle las gracias a una Rusia que opera como inmisericorde matón regional. Hay, con todo –y al cabo a esto voy–, un segundo hecho que debería provocar creciente incomodidad. Me refiero al olvido sistemático que gobiernos y expertos muestran en lo que hace a las presuntas querencias de las poblaciones afectadas, siempre ninguneadas en provecho de discursos, interpretaciones y operaciones militares que colocan a los Estados en primer plano.

 

Vayamos, aun así, por partes y empecemos subrayando lo que resulta evidente: está claro que Rusia, de la mano de sus reconocimientos de Osetia del Sur y Abjazia, ha seguido la estela que muchas potencias occidentales dieron por buena, en relación con Kosovo, el pasado febrero. No sólo eso: Moscú, que ha cancelado de esta suerte su aparente pureza reivindicadora de las normas del Derecho Internacional, ha empleado el mismo lenguaje y la misma argumentación vertida entonces por esas potencias. Hora es esta de señalar, sin embargo, la condición de las reglas del juego que unos y otros se han encargado de violentar pundonorosamente: apegadas al principio de integridad territorial, sólo dejan abierto el horizonte de la secesión en caso de previa aceptación de esta por el Estado afectado, lo que, a la postre, acarrea de facto un rechazo de cualquier perspectiva de autodeterminación. Importa subrayar que al amparo de la percepción que ahora nos interesa, orgullosamente estatocéntrica por mucho que con frecuencia haya respondido a honrosos propósitos, han cobrado cuerpo, y asumamos un egoísta ejercicio en busca de ejemplos, aberraciones como las que permiten que Israel impida la gestación de un Estado palestino en los territorios que ocupa ilegalmente –Marruecos hace lo propio en el Sáhara Occidental–, que Chechenia forme parte hasta el final de los tiempos de una Federación Rusa que poco más ha ofrecido a la población local que represiones y genocidios, o que muchos de los hiperdemocráticos países occidentales se permitan mirar hacia otro lado cuando escuchan demandas de autodeterminación que llegan de unas u otras partes de sus territorios.

 

Volvamos, con todo, a lo que hoy nos atrae y hagámoslo de la mano del recordatorio de que la marginación de las poblaciones afectadas y de sus opiniones es lo único en lo que parecen estar de acuerdo en estas horas Estados Unidos y Rusia. Tan de acuerdo, por cierto, como el Gobierno español y el principal partido de la oposición, orgullosos de su honrada, y al parecer nada interesada, apuesta en provecho de la integridad territorial y sus reglas. Obsérvese, si no, que en la abrumadora mayoría de los análisis al uso la textura precisa de los conflictos implicados no merece mayor atención. Pocos fueron, sin ir más lejos, los estudiosos que en febrero se refirieron a la delicada integración de la comunidad albanesa de Kosovo en los sucesivos Estados yugoslavos y serbios, agudizada por la represión desplegada desde Belgrado a partir de 1989; cuando uno escucha los argumentos, a menudo muy respetables, hilvanados por los detractores de la independencia kosovar tiene por fuerza que preguntarse cómo se hubiera verificado, dado el firme rechazo que suscitaba entre la mayoría abrumadora de la población local, la reintegración del país en Serbia. Algo similar cabe apuntar en relación con Osetia del Sur: ¿por qué un país artificialmente uncido –en virtud de las políticas de ingeniería étnica avaladas en la etapa soviética– a Georgia debería permanecer inexorablemente en ésta frente al criterio, de nuevo, de la mayoría de sus habitantes, separados, por si poco fuere, de los pobladores de la Osetia septentrional? Admitamos, en suma, que lo de Abjazia es harina de otro costal –los abjazios étnicos eran minoría en su propia república antes de las trifulcas de los cuatro últimos lustros– que nos emplaza, eso sí, ante la certificación de que a la hora de sopesar la condición de todos estos conflictos hay que analizar con mesura cuál ha sido la conducta, rara vez respetuosa de los derechos ajenos, de las autoridades –serbias y kosovares, rusas, georgianas y estadounidenses, surosetias y abjazias– de unos y otros.

 

En semejante caldo de cultivo es obligado subrayar algo que, una vez más, ha escapado a la consideración de la mayoría de los análisis: tanto las potencias occidentales como Rusia han esquivado, en su argumentario, cualquier suerte de mención de algo que huela a autodeterminación. Mientras las primeras bien que se cuidaron de evitar que en Kosovo se organizase un referendo que permitiese calibrar el apoyo popular a la independencia, la segunda ha justificado sus reconocimientos de las independencias de Osetia del Sur y de Abjazia sobre la base de la impresentable agresión militar georgiana de semanas atrás, y no sobre la de un imaginable derecho de surosetios y abjazios a decidir su futuro.

 

Llega la hora de perfilar una conclusión somera: si parece ineludible criticar con radicalidad las interesadas acciones de las grandes potencias –que abrazan o no, según las conveniencias, el principio de integridad territorial de los Estados, conforme a una obscena doble moral–, algo tendremos que decir también de las poblaciones afectadas, de sus opiniones y, si así quiere, de sus derechos. De lo contrario estaremos dándole alas a fórmulas que las más de las veces tienen un inequívoco tufillo conservador y, nos cuenten lo que nos cuenten, una dudosísima condición democrática. Por eso las defienden con singular ahínco, dicho sea de paso, Washington y Moscú.

 

Carlos Taibo es Profesor de Ciencia Política

en la Universidad Autónoma de Madrid

 

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